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domingo, 21 de abril de 2013

EL CALVARIO DE LOS VECINOS DE LA BARRIADA EL PUENTE.-

FUENTE. OPINIÓN DE MÁLAGA

ROCÍO CAÑADA. Hace ya casi siete meses que los vecinos de Álora, igual que los de otros municipios de la margen del río Guadalhorce, sufrieron graves inundaciones por las fuertes lluvias y la crecida del río. La fuerza del agua no sólo dañó viviendas, comercios, y carreteras, sino que también arrancó un puente de hierro, de 1933, que unía las barriadas de La Estación y El Puente.

La imagen del puente desgajado pudo verse en numerosos medios de comunicación, pero, la tragedia no quedó sólo en esta imagen sino que sus vecinos sufren cada día la angustia de vivir divididos. Y es que las características de estas barriadas, en las que viven unas 3.000 personas, hacen «necesario con la mayor rapidez la reconstrucción del puente».

En la barriada de El Puente se encuentran la gran mayoría de los comercios, entre ellos, tiendas de alimentación, farmacias, bares, e incluso, el colegio Guadalhorce. Allí, residen más de un millar de personas que conviven a diario con familiares, amigos y vecinos que residen en la barriada de La Estación, donde como su propio nombre indica, se encuentra la estación de ferrocarril de la línea Córdoba- Málaga.

Por allí, pasan a diario más de una veintena de trenes, entre la línea C-2 de Cercanías y los trenes de media distancia que hacen su viaje hasta Ronda y Sevilla. De esta forma, cada 40 minutos, como mínimo, que es el tiempo de frecuencia en los trenes de cercanías; los vecinos de una parte de la barriada de La Estación quedan completamente aislados al quedar cerrado el paso a nivel por un lado y haber cedido el puente por el otro.

Francisco Sánchez, uno de los vecinos afectados, cuenta que antes de que el puente fuera arrasado por el agua «se usaba a diario para el paso de una barriada a otra, ahora, hay que dar la vuelta por la carretera». Esta carretera es la A-343R, un vial sin arcén que va de una barriada a otra y que ahora deben usar a diario muchos vecinos que no tienen vehículo.

«Llevamos siete meses jugándonos la vida» asegura Miguel Aranda, para quien «es urgente que se arregle el puente». Según cuenta, su esposa fue a hacer unas compras a la barriada de El Puente, y al volver, entre el intenso calor y el «miedo» por los coches que pasan tan cerca, llegó a casa exhausta: «menos mal que la esperaba en la puerta a que llegara porque se desmayó y tuvimos que llevarla a urgencias», explica Miguel.

Del mismo modo, muchas familias que residen en La Estación tienen que llevar al colegio Guadalhorce a los niños. Neli Francisca se encuentra en esta situación. Al carecer de coche propio, debe llevar a diario a sus pequeños al colegio pasando por la carretera, mientras antes lo hacía por el puente. «Es muy peligroso pero no nos queda otra», cuenta Neli, quien reclama «una solución ya».

En este sentido, Ana Vázquez, de La Estación, cuenta que tras ser operada de una rodilla su única forma de ir a la barriada vecina era cruzando el puente: «antes hacía mis recados y daba un paseo que me hacía falta para poder tener movilidad en la pierna, ahora desde que el puente cedió no he podido ir ni a la farmacia, mis vecinas y mi hija me hacen los recados; así me encuentro como en una cárcel».

Ricardo Huertas tiene un pequeño taller de escayola en La Estación y tiene la misma sensación: «vivimos aislados»; desde la caída el puente, la vida se ha hecho más difícil para los vecinos de esta zona. «El día a día es una odisea para todos los que vivimos aquí, sin el puente hay que jugarse la vida», asegura.

Este peligro se agrava por la noche ya que muchos perotes utilizan la carretera para volver a casa tras el trabajo, o después de hacer recados, y por supuesto, para montar en el tren. «Cuando vas conduciendo no ves a la gente andando te los encuentras sin más, y más de un volantazo hemos tenido que dar», señala Antonio Beiguveder.

Y es que los usuarios del tren también ponen el grito en el cielo. «Tenemos que hacer más de un kilómetro andando para poder coger el tren», explica Salvador Gómez, de El Puente, quien pide que al menos se amplie el arcén de la carretera para poder transitar hasta que se le da una solución al puente.

Muchos negocios sufren este aislamiento. El ejemplo más grave es el de la empresa Hermanos Ramos Álora, de fertilizantes y materiales para la agricultura, que además de tener más de 200.000 euros en pérdidas en las inundaciones, ha perdido entre un 15 y un 20 por ciento de la clientela. «Muchos clientes mayores que venían dando un paseo ya no vienen», explica Sonia Ramos, una de las dueñas, para quien es «un peligro» que muchos vecinos circulen por la carretera, pero «no les queda otra».

Hay un vial que Adif construyó paralelo a la vía del tren que iba unido al puente de hierro arrasado por la corriente de agua, para eliminar los pasos a nivel, pero el vial continúa cerrado. Del mismo modo, un paso subterráneo que se construyó para evitar que los transeúntes pasaran por las vías, también está cerrado.

La Junta hará un paso peatonal como medida provisional

A mediados de febrero, el alcalde de Álora, José Sánchez, y el portavoz del grupo municipal de IULV-CA, Juan Moreno, se reunieron con el delegado Fomento y Vivienda, Manuel García Peláez. En esta reunión se trató el arreglo del puente de hierro y se solicitó, según explicó el alcalde, la posibilidad de realizar un paso por el arcén de la carretera para que los peatones no corran peligro.

Un informe de la Delegación de Fomento recoge destaca que el puente será retirado del cauce del río, pero sin fecha concreta. Y se creará un paseo peatonal de un metro de anchura, paralelo a la A-343R. Para garantizar la seguridad de los peatones se va a colocar una barandilla que impida que los peatones caigan por el terraplén. Además, en el tramo del puente se va a colocar una malla para evitar posibles caídas al río, como medida provisional.



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